El Abuso sexual en la Infancia

El abuso Sexual en la Infancia

UNA PRUEBA DE SUPERVIVENCIA

Redaccion faceta humana

“Alguien fue herido, maltratado, humillado y violado antes que tú; pero ese alguien también sobrevivió.”

Maya Angelou, sobreviviente.

Es innegable que la infancia es el período de la vida que determina nuestra identidad como seres humanos. Es una etapa donde somos tierra fértil, todas nuestras experiencias son absorbidas para darnos forma. Aquellos niños y niñas que sufren un abuso sexual en esa etapa son transformados por la situación, sin embargo, a pesar de lo angustiante o traumatizante, no se convierten en víctimas o individuos trastornados, en realidad estos seres son pruebas de supervivencia de los que podemos aprender.

Los sobrevivientes del abuso sexual infantil afirman que es una situación que les roba su inocencia de manera injusta, son obligados, sin estar preparados, a manejar emociones complejas como la culpa, extrema vergüenza, ira desmedida, por decir algunas. 

Además se dan cuenta tempranamente de lo injusta que puede ser la vida al enfrentar las dudas de sus padres acerca del hecho o la falta de confianza de tu madre por el temor que tiene a los juicios de la sociedad.

LA EXPERIENCIA DEL ABUSO SEXUAL EN LA INFANCIA

El abuso sexual infantil es cualquier contacto sexual o intento de contacto sexual perpetrado en contra de un niño o niña por una persona mayor. Los psicólogos consideran como “mayores” a alguien que es mayor al niño o niña por cinco años o más. En promedio, el abuso sexual empieza entre las edades de 4 a 12 años y puede implicar manoseos, sexo oral, penetración vaginal y/o anal, obligar al niño o niña a presenciar una relación sexual entre adultos, observar los genitales de un mayor y prostitución infantil.

Los expertos afirman que el abuso sexual infantil es parte del fenómeno cultural de violencia que vivimos en la sociedad actual.  Es un problema complejo que es parte de nuestro contexto social y cultural, en el cual, los niños, niñas y adolescentes son considerados aún como objetos y no como sujetos. El abuso sexual infantil es la forma específica de violencia que usa la sexualidad como medio. Acerca del abuso sexual infantil también hay que recordar que el arma más peligrosa del agresor es su poca notoriedad.  Estudios realizados por psicólogos y antropólogos como Félix Sánchez en su libro "Prevención de abusos sexuales a menores" indica que es más común la utilización del engaño y la persuasión para atraer a las víctimas, solamente el 10 % de los casos usan la agresión física. El agresor es un individuo de apariencia normal y saludable, no esos monstruos pedófilos o viejos verdes que imaginamos. También se estima que en Latinoamérica la mitad de los casos son desconocidos y la otra mitad el agresor es un familiar o un conocido del sobreviviente; tristemente estamos hablando de un padre, un tío, un abuelo, una empleada doméstica o una amistad cercana.

NO ES UN PROBLEMA DE POCOS

Puede que para muchos este problema nos parezca lejano o ajeno a nuestras vidas, pero esto porque el abuso sexual infantil se vale de la culpa y la vergüenza del sobreviviente para mantenerse en la oscuridad de la ignorancia.

Desafortunadamente, el abuso sexual infantil no es poco común.  Un estudio nacional en el Reino Unido descubrió que el 12% de las mujeres y el 8% de los hombres fueron abusados sexualmente cuando eran niños.  En Guatemala se dificulta encontrar datos exactos acerca de este fenómeno debido a la poca conciencia acerca del tema y el temor de los guatemaltecos de enfrentar los problemas relacionados con nuestra sexualidad.  Sin embargo, CONACMI reportó un repunte de casos de abuso sexual infantil en el 2007, con 120 casos denunciados.

UN SECRETO PARA NOSOTROS MISMOS

Este niño o niña se convierte en huérfano.  Pierde en ese instante a sus padres porque hay un secreto que no puede compartir con ellos, en algunos casos pierde a su padre (o al pariente abusador), pierde su propio cuerpo que pasa a formar parte del cuerpo del su agresor.

Este secreto lo separa de la humanidad, si habla será culpable de la destrucción de la familia o la separación de sus padres.  Este secreto es el asesino de la infancia y la inocencia.  Con el tiempo el secreto se convierte en silencio y simplemente, este niño nunca pudo llorar su dolor. Este silencio lo envuelve en una soledad.  Buscan ayuda psicológica o espiritual para solucionar problemas como insomnio, pesadilla, inestabilidad emocional, problemas de autoestima, dificultad para mantener relaciones interpersonales,  desprecio por lo relacionado con su sexualidad, promiscuidad e incluso comportamientos suicidas y autoagresión.  Estos adultos, décadas después, descubren que su desorden es causa del abuso sexual infantil que ellos mismos habían olvidado o dudaban que realmente había ocurrido.

EL CAMINO DE LA SANACIÓN

Luego del abuso, los niños generan estrategias de supervivencia y viven procesos que van desde la petrificación inicial, negación, minimización del problema, reducción de la

situación y aceptan su nueva condición.  Incluso existen casos como el de “Alejandra”, una sobreviviente, quien es capaz de alcanzar el clímax con su esposo, pero para ello necesita imaginar que está siendo violada, una fantasía que nunca ha compartido con él.

En estos casos el abuso no se convierte en un obstáculo para el placer, sino que se transforma en la perspectiva de la cual los sobrevivientes viven su sexualidad.  Para ellos el único camino para una liberación sexual es el fantasear con la persecución.  Como la primera experiencia sexual fue el abuso, la persona asocia la excitación sexual con aquellos mismos sentimientos de miedo y desamparo.  Estas fantasías no son dañinas a nivel psicológico, pero es posible que estresen a los sobrevivientes imaginarse constantemente lastimadas y perseguidas.  El hecho de victimizarse puede ser reflejo de la culpa interna que causó el abuso, parte de la sanación es romper con este ciclo.

El proceso de la sanación debe ser continuo y permanente. Se inicia al reconocer la causa real de sus padecimientos, ponerle nombre, identificar las consecuencias que vive.

Liberarse de la culpa que no es propia. Comunicarse nuevamente con esa inocencia perdida para sentir compasión por uno mismo y alcanzar intimidad con las demás personas.  También enfrentarse real o espiritualmente con su agresor  para enfrentar sus propios miedos y sentimientos de intimidación y finalmente perdonarlo.

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