No olvidemos que los Santos son humanos

Durante la niñez por lo general aprendemos acerca de los Santos, a través de estatuas que simbolizan virtudes como la piedad, la humildad y el sacrificio. Nuestros pequeños ojos las ven rodeadas de velas, flores, incienso y gente arrodillada que suplica con gran vehemencia que algún milagro ocurra en sus vidas.
Lo cuestionable del tema, es que, los santos son percibidos como ejemplos inalcanzables para los seres humanos. Son ellos y somos nosotros. Ellos arriba y nosotros abajo. Lo curioso es que ellos no pensaban de esta manera y percibían a todo ser humano como igual, como una unidad. Con gran compasión, su espiritualidad los llevó a trascender las barreras de los juicios y podían comprender el ciclo de la vida desde otra perspectiva; la del amor incondicional.
Ellos eran seres humanos. Como tú que estás leyendo o yo que estoy escribiendo; como aquel a quien más amas o aquel a quien más odias. Tuvieron infancia y adolescencia. Vivieron tentación y en algunas ocasiones compulsión.
Lo que diferencia a estos seres, es la disposición de alcanzar estados de mayor conexión con lo que percibían como Dios. Todos ellos tuvieron que pasar por situaciones extremas y utilizando su libre albedrío, eligieron una vida de sacrificio, con un propósito superior.
EL EJEMPLO DE SAN FRANCISCO DE ASÍS
San Francisco de Asís fue hijo de un exitoso comerciante. En la actualidad hubiera sido el típico “Junior”. Tenía todo lo que cualquier persona desearía: dinero, belleza, mujeres, placeres, etcétera. Este hombre que por su entorno estaba destinado desde su infancia a ser un ególatra insoportable, un adicto sexual y bebedor compulsivo, tuvo un destinado encuentro con un leproso que le cambió su vida radicalmente: ahí inició su despertar.
Con la compulsividad que lo distinguía empezó a dedicar su vida al cuidado de los pobres y los enfermos. Regaló todas sus pertenencias incluyendo mercancías del comercio de su familia. Su padre disgustado por el cambio irracional de su hijo, inició un juicio en contra de él, argumentando que no podía hacer uso de sus bienes de esa forma. Con total determinación San Francisco dejó todas sus pertenencias hasta quedar desnudo y al salir del juicio recogió un costal que encontró en el suelo, se lo puso como ropa y ató un lazo alrededor de su cintura. Desde ese momento dedicó su vida exclusivamente al servicio de los más desvalidos.
Con su talento inspirador logró de una forma extraordinaria que su orden fuera aceptada por la Iglesia Católica.
San Franciso de Asís es un ejemplo de vida. La definición ideal de lo que es un santo. Un ser humano que logra trascender la fuerza de gravedad de las posesiones, llámese dinero, relaciones, títulos o cualquier cosa que nos haga decir como Gollum : “¡My precious!".

 |