La Posible Evolución del Padre

Texto por: Arturo Archila, psicólogo clínico
El tema de la paternidad tiene una envergadura de vital importancia, sobretodo dentro del contexto de los tiempos que como humanidad estamos viviendo. La faceta de la paternidad no es un tema aislado de los recursos del planeta, ni mucho menos de la descomposición social progresiva que pareciera se cierne sobre nosotros. La paternidad en su contenido profundamente humano, debe abordarse con seriedad y en una reflexión que abarque lo social, lo psicológico, lo educativo, lo económico, lo ontológico, etcétera.
Discernir sobre la paternidad responsable puede ser necesario pero ahora hay algo que es esencial y es el de ¿cómo y cuándo debemos ser padres?
Un hij@ que nace en un ambiente contaminado de incertidumbre, miedo, ira y desconfianza, está predispuesto a continuar en el círculo vicioso de un mundo que se nos cae en pedacitos. El problema no es si podemos o si debemos ser buenos padres, el problema es si estamos aptos para ser padres. Evidentemente nadie lo está, pero entonces, ¿Por qué nos empecinamos en tener hijos? Hemos creado un mundo hostil para niñ@s. Observemos el hecho de lo que está ocurriendo dentro y fuera de nosotros. Un mundo estremecido de violencia creciente; millones de jóvenes demandando un empleo y pocas oportunidades de obtenerlo; extinción progresiva de recursos naturales; el nacimiento de un hombre cada vez más desconfiando, temeroso, agresivo, paranoico y egoísta.
En Guatemala, en los últimos 15 años, surgen figuras sociales de extrema pobreza, es decir, personas que hacen un tiempo de comida o ninguno al día; surgen y van en aumento grupos de pandilleros provenientes de hogares disfuncionales, de economía precaria y con muy pocas oportunidades de progreso.
El ser humano que habita la mayor parte del planeta ya no es sano, está completamente traumatizado, unos por el producir y consumir y otros por la ausencia de lo más elemental. Hemos convertido el mundo en un planeta peligroso para vivir. Eso no es un juicio, es un hecho.
¿PODEMOS TENER HIJOS SIN CONTAMINARLOS? ¿SIN QUE SEAN EL REFLEJO DE NUESTROS TEMORES, DE NUESTRAS FRUSTRACIONES?
Todo ser humano tiene que encarar el mundo en el que ha nacido. Todos nacemos con infinitas posibilidades de desarrollo, pero el mundo no le permite a nadie "Ser". El intento social es el de amoldar a las personas convenientemente: útil, competitivo, obediente, dócil, temeroso. Un ser humano condicionado en el estrecho patrón de la cultura particular; sellado hasta la muerte por la nacionalidad, la religión, la raza, la clase y las costumbres; una máquina eficiente para producir y un robot apto para consumir.
Cuanto más eficiente, más respetable; cuanto más obediente, más honorable. Pareciera que la sociedad ya no quiere seres humanos, quiere maquinaria útil. ¿Cómo podemos ser libres para mirar y aprender más allá del estrecho patrón que ha formado al “Yo”? ¿Nos damos cuenta real de lo condicionado de nuestra vida? ¿Por qué aceptamos esto? ¿Qué haremos? ¿Podemos cambiar? El sistema nervioso del hombre es el más altamente desarrollado en la creación. Con un regalo así, el hombre podría vivir el estado supremo de la vida.
La idea fundamental es que el hombre, tal como lo conocemos, no es un ser perfecto. La naturaleza nos desarrolla hasta cierto punto y luego nos abandona. De cada uno de nosotros depende, posteriormente, el desarrollo por nuestro propio esfuerzo e iniciativa, o vivir y morir condicionado, o aún peor, degenerar y perder nuestra capacidad de desarrollo. El hombre ya lo es todo en el universo, lo único que debe hacer es redescubrirlo. Antes de ser padre un individuo debe primero ser dueño de sí mismo. Debe crecer completamente; debe aprender a transmutar sus temores, su inseguridad, a liberar sus conflictos, a exorcizar su propia oscuridad. Una vez terminado su propio trabajo de crecimiento, entonces todo está perfectamente bien.
La garantía de procreación es benéfica porque viene de un ser humano más completo. Entonces la continuidad es un salto cualitativo de mutación genética. Es diferente porque la semilla es diferente.
“Tal vez este niño no cambia al mundo, pero es quizá, quien esté más cerca de hacerlo”
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