Maltrato infantil

Yo y el Maltrato Infantil.

YO. Y EL MALTRATO INFANTIL

Texto: Arturo Archila Imagen: de archivo

EL CÍRCULO DEL VICTIMARIO

Todos los seres humanos tenemos de inmediato un reto inevitable: encarar el mundo en el que hemos nacido. Ese primer reto, desde la cuna, está determinado por la naturaleza afectivo emocional de nuestros padres. Todo niño es la fuente misma de la vida, tiene una presencia inefable e indefinida. Todo niño es la indescriptible mezcla de un pedazo de cielo encarnado en un diminuto cuerpo. En muchos casos, su belleza y su presencia desaparece, poco a poco; demasiado temprano se dibuja la mueca del miedo, la rabia y el dolor. Esta transformación se debe a la relación que el niño entabla con personas emocionalmente inestables con manifestaciones neuróticas. La mayoría de adultos, sin lugar a duda, somos los victimarios comunes de un niño; y muchos padres, estemos conscientes o no, somos los principales vectores del dolor inmediato y posterior conflicto de nuestros propios hijos.

LOS MÚLTIPLES ROSTROS DEL MALTRATO

El maltrato infantil es algo que nos concierne a todos. No es un problema que se circunscriba solamente a las instituciones sociales o al noticiero de las diez. Es un flagelo terrible cuyas implicaciones dan como resultado un ser humano enfermo y en conflicto. El maltrato infantil es como un cáncer de rabia silenciosa que con el tiempo explota y se manifiesta como una de las principales causas constantes de la violencia cotidiana. Posee múltiples rostros pero ostenta un único resultado: un ser humano tempranamente lesionado física y/o psicológicamente. Se considera maltrato infantil cualquier conducta, que por acción u omisión, produzca daño físico y/o psicológico a un niño (hasta los 18 años). Esta conducta casi siempre es intencional y reiterada, concretizando el maltrato cuando afecta la salud física y emocional del niño, por acciones o negligencia de las personas encargadas de su cuidado.

El maltrato infantil tiene muchos rostros que van desde lo sutil hasta lo más grotesco. Uno de ellos es cuando las necesidades básicas del niño no son atendidas por ninguno de las personas que convive con él. Pero asimismo, cuando se le abandona emocionalmente; cuando no obtiene una correspondencia afín a sus necesidades de contacto físico, donde no hay caricias y donde la respuesta a sus estados anímicos es una enorme frialdad de apatía e indiferencia. También existe maltrato, obviamente, en el abuso físico: la acción que evidencia un trastorno neurótico donde un adulto superior en fuerza y tamaño con la rabia explicita causa a un niño desde una contusión leve hasta una lesión mortal. Los insultos, el desprecio, la desvalorización, la burla, las amenazas de abandono, las críticas, etcétera; son formas comunes de abuso emocional donde la crónica hostilidad verbal termina anidando como una maldita alimaña en lo más profundo del inconsciente. Del mismo modo, el abuso sexual (en cualquiera de sus manifestaciones, incluyendo las insinuaciones) es casi una lesión mortal, una herida sangrante donde el silencio, la culpa y la vergüenza son la puerta de iniciación a una de las tantas patologías sexuales que son causantes de mucho dolor y conflicto en el ser humano.

LOS TATUAJES DE UN ALMA DEFORMADA

El dolor de un niño en manos de un adulto es un flagelo para la humanidad. Es el ineludible espejo social que evidencia el nivel de enfermedad que poseemos los adultos. Todo adulto que tenga relación con niños debe asumir la responsabilidad de buscar su equilibrio emocional. La negación, la justificación o la indiferencia son un indicio de nuestro propio problema. Pero además, es de vital importancia reconocer y dar tratamiento a un niño que ha sido abusado para minimizar los efectos a largo plazo. En todos los tipos de maltrato infantil un niño abusado exhibe, aparte de señales físicas, indicadores psicológicos observables: comportamiento autodestructivo, retraimiento, autoimagen desvalorizada, miedo a establecer relaciones nuevas o de comenzar actividades nuevas, ansiedad, conductas de aislamiento o conductas de complacientes, cambio frecuente y drástico de humor, abuso de alcohol o drogas, incapacidad para confiar o amar a otros, conducta agresiva, problemas de disciplina, sentimientos de tristeza u otros síntomas de depresión, alteraciones del sueño, desconfianza.

Los antecedentes históricos del maltrato infantil nos revelan que no es un problema reciente, casi se podría decir que ha sido una característica de la vida familiar, tolerada y en alguna medida, socialmente aceptada. De hecho, se debe tener en cuenta que los niños aunque sean maltratados, (con pocas excepciones) defenderán o encubrirán a sus agresores; algunos porque se creen merecedores de los malos tratos y otros porque temen ser objeto de sus represalias. A menudo el daño emocional a los niños maltratados se manifiesta hasta la adolescencia, o aún más tarde, cuando muchos de estos niños maltratados se convierten en padres desmedidos o en agresores pasivos.

LA CUASIPROFESÍA DE WATSON Y LA TRANSFORMACIÓN PERSONAL

En 1913, John Watson afirmaba que con técnicas de modificación de la conducta se puede conseguir cualquier tipo de persona que se desee. Para Watson el ser humano se puede explicar con la misma exactitud que una máquina: el hombre como un simple autómata con un cerebro que se puede llenar con cualquier cosa y que actuará de acuerdo con lo que hayamos puesto dentro. Empleando sus mismas palabras Watson expuso categóricamente: “Denme una docena de lactantes sanos, bien formados y me comprometo a hacer de cada uno de ellos, al azar, cualquier tipo de especialista: médico, abogado, artista e incluso mendigo y ladrón; independientemente de su talento, tendencias, vocación y raza.” Esto se ha cumplido casi al pie de la letra en cada hogar. Inconscientemente, de alguna manera, sin conocimientos de conductismo, para bien o para mal, los padres, educadores y encargados del cuidado de un niño, hemos repetido el experimento. Los adultos condicionamos al niño, no solo con lo que consideramos como “bueno”, sino además, lamentablemente, trasmitiéndole nuestra inseguridad, nuestros temores, nuestros hábitos, nuestra rabia. En los casos de maltrato, las consecuencias del condicionamiento son dolorosas y profundas. Cuando un niño es maltratado invariablemente la humanidad también es lastimada. El maltrato infantil comienza con un adulto enfermo. Libre albedrío una vez más. ¿Estamos haciendo algo para admitir nuestras carencias y poder abordar un nuevo círculo? Podemos comenzar a sentir libertad desde el primer momento en que enfrentamos nuestra realidad.

Conócete, acéptate y obra en consecuencia.


ABRE PRIMERO TU MENTE, LUEGO TUS OÍDOS Y POR ÚLTIMO LOS OJOS

Extensión en-línea: Redacción Faceta Humana

Al reflexionar acerca de cómo detectar el maltrato infantil puede ser una delgada línea entre la atención en consciencia de este problema en nuestros hijos o “una cacería de brujas” sin objetividad o el riesgo que la paranoia de que este tema se está poniendo de moda en los medios de comunicación. Por otra parte, debemos tener consciencia que es un fenómeno más común de lo que imaginas y que sucede en distintos ambientes más allá que el familiar, los victimarios de maltrato infantil pueden ser familiares, empleados domésticos, maestros e incluso compañeros de estudios de los mismos niños. Debido a esta propagación desmedida y aceptación social del maltrato infantil lo fundamental para prevenirlo es crear un ambiente de confianza y comunicación entre los padres (o encargados) y los niños.


Es esencial que los niños sientan la seguridad de acercarse a los adultos y contarle lo que está pasando en sus vidas, muchas veces los mayores subestimamos a los menores, desestimamos lo que nos dicen o simplemente no les ponemos atención. Pon atención a sus acciones, conductas y comentarios estos revelarán lo que en realidad esta viviendo este niño. Existen estudios que afirman que en los centros educativos una actitud honesta y abierta de parte de los maestros puede significar la salvación de un niño o adolescente víctima de maltrato.


Los psicólogos han dedicado mucho tiempo y esfuerzo para determinar líneas claras de cómo cambia el actuar de los niños que sufren maltrato infantil, algunos indicios que podemos observar son:

  • Angustia marcada ante el llanto de otros niños.
  • Agresividad y negativismo.
  • Miedo de ir a casa o a la escuela.
  • Miedo a los padres o a los adultos.
  • Demasiada movilidad.
  • Excesiva quietud.
  • Hábitos desordenados.
  • Tartamudeo.
  • Comerse las uñas.
  • Tics.
  • Hipocondrías, miedos o fobias.
  • Falta de actividad exploratoria.
  • Rechazo a recibir ayuda.
  • Intentos de suicidio.
Cómo podrás darte cuenta existen conductas que reflejan cómo afecta el maltrato infantil a nivel emocional y psicológico a los niños, sin embargo hacemos énfasis que si sospechas que un niños es víctima de maltrato infantil, si esta dentro de tus capacidades, acude a un experto que pueda realizar un diagnóstico profesional o esclarecer porqué el niño esta actuando de cierta manera. Es un tema muy delicado que nosotros podemos iniciar el actuar pero le corresponde a los profesionales como psicólogos, sociólogos, trabajadores sociales, etcétera.


Las señales obvias del maltrato infantil son las físicas. Y aún estas hay que analizarlas de manera objetiva, una clave es si estas se repiten con frecuencia o si son muy fuertes. En la sociedad guatemalteca es común que los maestros tengan sospechas que un alumno es maltratado y no hacen nada, es vital actuar con delicadeza y criterio pero HAY QUE ACTUAR. Las señales físicas más comunes del maltrato infantil son:
  • Hematomas.
  • Cicatrices que muestran los objetos con los que fueron golpeados, como señales de correas, hebillas, cables, etcétera.
  • Marcas permanentes. Laceraciones y/o abrasiones en la nariz, labios, encías, ojos, genitales externos, brazos, piernas, nalgas o tronco.
  • Cicatrices o quemaduras con cigarrillo, especialmente en las palmas de las manos en los pies, espalda o en las nalgas.
  • Facturas mal cicatrizadas, frecuentes y no tratadas.
  • Ausencia de cabello en algunas partes de la cabeza, hemorragias del cuero cabelluda o frecuentes “chichones”.
  • Hemorragia de la retina.
  • Ojos amoratados.
  • Fracturas nasales o desviaciones del tabique.
  • Fracturas dentales y hematomas en la cavidad bucal.

En cuanto al maltrato por abandono o negligencia las señales que podemos detectar:

  • Recién nacidos con señales positivas de droga.
  • Retardo en el desarrollo psicomotriz.
  • Retardos selectivos del desarrollo.
  • Hambre permanente.
  • Llanto injustificado.
  • Trastornos o retardo del habla.
  • Higiene personal inadecuada.
  • Vestidos inadecuadas al tamaño o al clima.
  • Ausencia de cuidados médicos.
  • Inadecuada supervisión.

 

¿Porqué tener consciencia del maltrato infantil? No es simplemente el hecho de que los niños no piden venir a este mundo y cómo adultos tenemos la obligación de protegerlos, es entrar en consciencia que toda vida es valiosa y con potencial infinito. Y el hecho que estos seres todavía no tienen las capacidades físicas o mentales de defenderse no significa que podamos aprovecharnos de esto. Iniciemos con despertar nuestra consciencia y darles el respeto que merecen para que de nuestra individualidad esta consciencia se propague a la sociedad y lograr cambios a nivel legal y político que tanto se necesita en nuestro país.


¿Qué opinas acerca del maltrato infantil en Guatemala?

 

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