Cuentos de Hadas

Comúnmente consideramos a los “cuentos de hadas”, como un antiguo instrumento de recreación y entretenimiento para la mente, especialmente dirigido a niñ@s, con una ligera carga de enseñanza básica moral. Esta es una apreciación por demás ligera y bastante alejada de la realidad sustantiva de esa maravillosa obra de la faceta de creatividad artística e intelectiva.
El cuento de hadas tradicional es primero un medio de enseñanza por demás sutil, desarrollado a través de milenios de práctica y observación de la naturaleza humana. A través de generaciones cumple fines educativos, a pesar de la interferencia de los prejuicios imperantes en las distintas épocas que le ha correspondido transitar. Las enseñanzas han sido codificadas en un lenguaje simbólico de imágenes y a veces casi oníricas, siempre arquetípicas, con varios propósitos: llegar a lo más profundo del alma de su público y ser vehículo de comunicación de lo más recóndito de la psique humana, entre otros. Las enseñanzas que nos brindan varían según el cuento, pero si prestamos atención y vemos la historia desde perspectivas más amplias lo descubriremos. Tomemos por caso algunos breves ejemplos:
>EL PATITO FEO: Es una crítica clara de la discriminación por motivos de apariencia física, sea esta étnica, económica o de otro tipo. Y a la vez es también una lección acerca del valor de la autoaceptación y el compromiso de no negar la propia esencia, el ser fundamental que somos y que no debe doblegarse a la presión de grupo; la señalización de que la belleza es un valor subjetivo y variable de una comunidad a otra. Y la lucha por encontrar el sentido de pertenencia que todo ser humano necesita a través de la búsqueda de la verdadera “manada”.
>PINOCHO: Todos los seres humanos somos como Pinocho. No nacimos siendo reales; es algo que tenemos que lograr con esfuerzo y recibir por gracia. En un principio pensamos que ser obedientes es suficiente para ser reales, saludables y completos, pero pronto descubrimos que es más que eso. Tenemos que enfrentar nuestro lado oscuro y darnos cuenta de cómo mentimos, cómo buscamos el camino fácil y cómo nos engañamos creyendo que somos felices en nuestras adicciones del mundo de las golosinas. Después descubrimos que hay que entrar al inconsciente de la barriga de una ballena, ser creativos para encender un fuego que ayude a los demás a vivir. Solo entonces renacemos de la oscuridad, despertamos y somos reales con la ayuda del hada azul para la parte final de la transformación. Ella representa la gracia celestial que nos hace completos.
>LA CENICIENTA: Ciertamente nunca fue pensado como la desdichada señorita pobre que es rescatada por el hombre económicamente adecuado. La cenicienta, hasta el nombre tiene su secreto, “Cenicienta” es la que se encuentra cubierta de cenizas, cenizas de fuegos del pasado, de antiguas llamas de pasión y luz; la que limpia lo que fue, negándosele el acceso a lo que será.
¿Quién es este personaje? La hija que pierde primero a la madre, sustentadora y protectora incondicional, fuente de su vida. Posteriormente muere su padre, imagen de la energía y faceta asertiva del ser humano. Se encuentra sola y desprotegida en el mundo, prisionera y prácticamente esclava de una madrastra. Esta mala sustitución de madre no la ama, vive regida por las apariencias y las buenas costumbres, ni siquiera le interesa el crecimiento y desarrollo de sus propias hijas. Estas hermanastras son modelo de envidia, superficialidad y vanidad, que en su falta de aprecio propio, se ven a sí mismas, poco agraciadas física y personalmente, y para negarlo se esfuerzan sin éxito en enmascararse a través de sus atuendos, burlándose de quien creen inferior. La búsqueda del príncipe por la que ha de ser su consorte es un llamado a que, su lado masculino encuentre el equilibrio y por tanto realización, en la unión con el ser femenino de sí misma. El hada madrina, es la parte superior de su consciencia, que cree, anima y ayuda a la mujer escondida, a la que no han sabido apreciar, para que se manifieste al mundo, salga a la luz y para que se vea a sí misma como lo que es, una princesa. No por sus posesiones materiales o por su linaje, sino por su esencia y dignidad de mujer. A la media noche en lo más profundo de la oscuridad, aparece de la necesidad de la huida, provocando que sea el “yo activo”, el que busque, el que actúe y conscientemente trabaje para llegar a la unión con su “yo receptivo”. Sabiéndola reconocer por el pequeño detalle, la zapatilla de cristal, símbolo de transparencia, de pureza en el camino a transitar y al reconocerse mutuamente la unión de lo masculino y lo femenino en nosotros, la imagen artística, simbólica y arquetípica de Eros y Psique.
Si aprovechamos este portentosísimo instrumento que son los cuentos, si podemos hacerles ver y saber, que es cierto, que el valor, la compasión, los principios éticos y morales, el amor a uno mismo y a los otros, el conocimiento de uno mismo, son de las cosas más valiosas de la vida, habremos realizado una buena parte de la misión encomendada y transformaremos lo que pareciera unos instantes de compartir, en lecciones que marcaran con fuerza, la vida de quienes son los príncipes y las princesas, de sus propias vidas. Al recuperar esta costumbre, de contar cuentos, abrimos la puerta a un futuro con esperanza, a pesar de las dificultades, no solo para nuestr@s hij@s, sino a través de ell@s a todos nosotros. Cuente un cuento a sus hij@s y descubran juntos que el Universo es maravilloso y mágico al interior de todo espíritu humano.
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