Actualmente nos toca vivir en un mundo donde el estrés y las múltiples responsabilidades hacen que lleguemos al final de la jornada extenuados, esperando llegar al final del día a nuestro hogar. Este se convierte en un refugio de paz y calma, donde se hace imprescindible descansar y recuperar las fuerzas necesarias para enfrentarnos de nuevo a la jungla de la civilización.
A través de ciertas acciones es posible lograr que los lugares donde permanecemos más tiempo, sean espacios cómodos y agradables; en los que las energías positivas y benéficas fluyan constantemente; donde al alimentar nuestras células nos aporten armonía y equilibrio.
Mientras más tiempo pasamos en un determinado lugar, más influyente e importante se convierte para nuestro bienestar. Si tomamos en consideración que pasamos más de un tercio de nuestra existencia durmiendo y que al dormir somos más vulnerables a las energías que nos rodean, podemos deducir que nuestro dormitorio es uno de los lugares más importantes de nuestra casa y de nuestra vida.
Nuestro dormitorio es un territorio íntimo que compartimos con nuestra pareja o en el que disfrutamos de nuestra soledad. Por eso, es uno de los lugares donde más debemos cuidar la armonía y el equilibrio en todos los aspectos: color, iluminación, texturas y disposición del mobiliario.
Al tener especial cuidado en los detalles tanto de decoración como arquitéctonico, nuestro dormitorio permitirá despertarnos mucho más descansados, en paz con nosotros mismos y sobre todo, con vitalidad suficiente para afrontar el nuevo día.
Si el ambiente donde dormimos y recuperamos nuestra energía no es el adecuado estamos en riesgo de tener perturbaciones constantes que se transformarán a la larga en problemas de salud, relaciones caóticas, falta de oportunidades, sentimientos de inseguridad personal, entre otros.
Uno de los mayores regalos que podemos hacernos a nosotros mismos, consiste en transformar nuestro dormitorio en un santuario. Un espacio que invite a la paz y el descanso, un oasis enriquecedor que nos relaje alejado del ruido y la tensión del mundo exterior.
> ALGUNOS CONSEJOS PARA CREAR TU SANTUARIO PERSONAL
La cama es el mueble que debe gobernar el dormitorio. Todo tiene que disponerse en torno a ella, guardando las proporciones y distancias justas. En primer lugar, a la hora de orientar la cabecera hay que tener en cuenta que aquello que veamos desde ella será siempre lo último y lo primero que retengamos en nuestra mente. Cuanto más caótica sea esa imagen, de menor calidad será nuestro descanso. Cuanto más armónica sea esa percepción, mayor tranquilidad nos ofrecerá.
Coloca la cama con cuidado de modo que no duermas directamente en línea con la puerta. Debe contar con una vista
clara de la puerta y elije una pared sólida detrás de la cama en lugar de una zona abierta o una ventana. No coloque la cama debajo de una viga.
Procura que tu cama sea de madera y de base única, para evitar el individualismo excesivo y favorecer la pareja. Evita las camas con estructuras metálicas, ya que amplifican las radiaciones electromagnéticas de los aparatos eléctricos de la casa.
Una buena cabecera aporta sensación de seguridad. La cabecera de la cama debe ser alta, sólida y con las esquinas preferentemente redondeadas para atraer al éxito y mejorar la autoestima así como para lograr una relación de pareja estable.
En el dormitorio, la armonía y el equilibrio son absolutamente necesarios. Debemos mantener el lugar ordenado y limpio, libre de objetos que no usemos y que nos traigan pensamientos de estancamientos o tareas pendientes. No se deben esconder o guardar objetos debajo de la cama del dormitorio porque interrumpen el flujo de energía necesario para el descanso nocturno.
Evita el uso de luces fuertes, optando por luces tenues con pantallas suaves que emiten paz y tranquilidad.
Elije telas naturales para las sábanas y las almohadas siempre que sea posible.
Sustituye los colchones cada seis o siete años, y hágalos cuando inicia una nueva relación de pareja formal.
Decora la habitación con esculturas, cuadros o imágenes que simbolicen sus objetivos como pareja. Coloca los adornos en pares y evita los grupos de a tres, para fortalecer la relación de pareja. Recuerda que la simbología de los objetos como de las imágenes son muy importantes.
La ropa que hayas llevado durante el día acumula las energías del mundo exterior, deben dejarse en otro lugar, ya sea un vestidor o una canasta. Aunque resulte difícil encontrar un espacio adecuado para este fin, es esencial llevar a cabo un replanteamiento de la distribución de las habitaciones que facilite esta separación entre el día y la noche, la actividad y el descanso
Es muy importante que el dormitorio solo se utilice para dormir. No deben haber equipos para hacer ejercicio, aparatos eléctricos, ni siquiera papeles o apuntes de trabajo, ya que cualquier objeto relacionado con su trabajo puede interferir con su sueño, ya que ejercen un mensaje de actividad que impide subliminalmente el descanso. Si no los puedes retirar del dormitorio, es recomendable ocultarlos cubriéndolos con una tela. Los libros de cabecera deben limitarse a uno o dos.
Procura que todos los muebles de la estancia tengan orillas redondeadas, pues los ángulos afilados pueden provocar discusiones y conflictos.
Un dormitorio debería evitar los colores demasiado fríos y los excesivamente estimulantes, el efecto de ambos grupos es el mismo: por exceso o por carencia generan intranquilidad y dificultan el reposo. Los colores de las paredes de la habitación deben tender a colores tenues y neutros que evoquen el elemento tierra y beneficiarse de sus efectos estabilizadores y tranquilizantes.
En el dormitorio tampoco debemos colocar espejos a la vista, ya que estos activan nuestros sentidos y por lo tanto, dificultan el sueño y favorecen el insomnio. La multiplicación de la imagen y su movimiento constituyen un foco de distracción que no nos permitirá descansar bien. Los espejos tienen que colocarse dentro de las puertas del clóset o en su defecto, podemos dejarlos visibles durante el día y taparlos con telas o cortinas de colores suaves durante la noche.
Es recomendable que el techo del dormitorio sea totalmente plano sin salientes ni vigas atravesadas. Estos elementos decorativos, desafortunadamente muy utilizados en la arquitectura, crean inflexiones energéticas invisibles que presionan nuestro cuerpo mientras dormimos. Los techos de dos aguas o inclinados también son negativos, provocan rebotes de las corrientes internas de energía perturbando el cuerpo durmiente.
autor: Lic. Fernando Yon
ilustraciòn: Maria José Morales