El Estallido Silencioso

El estallido Silencioso.

¿Qué es un pasivo-agresivo?

>LAS CARAS DE LA AGRESIVIDAD.

La agresividad tiene un rostro que no es comúnmente conocido. Un rostro desagradable, a veces violento y casi siempre asociado al conflicto de la frustración y a la presencia rojo oscuro del temor. Las personas activas agresivas presentan como principal rasgo una persistente reacción de irritabilidad que fácilmente puede terminar en cólera, furia o cualquier conducta destructiva. Generalmente manifiestan una actitud de irritabilidad extrema ante estímulos banales. Pero la agresividad también tiene otro perfil diferente, del tipo que se expresa con pasividad, a veces tan sutilmente, que pocos o nadie, excepto los agredidos, se percatan de su enorme dosis de explosión silenciosa.

Ambas formas de agresividad pueden incluir grados de patología importantes a investigar. Si la agresividad es un “impulso ciego hacia la afirmación” como suponía Assagioli el padre de la psicosíntesis; incluye el hecho, sin la menor duda que cuando aflora no tiene lugar ni medida, ni mucho menos sentido de la proporción ni inquietud por el daño que puede hacer a otros. ¿Se puede afirmar categóricamente que existe una agresividad explosiva y otra que se manifiesta con mayor sutileza? ¿Puede ser una menos dañina que la otra? ¿Son diferentes o esencialmente lo mismo con diferente rostro?

La mayoría de nosotros estamos más familiarizados con ese tipo de agresividad “perruna” que, como víctima o victimario, exudamos casi a diario. Sin embargo, es fácil para el entendido descubrir las múltiples manifestaciones de agresividad-pasiva que también se encuentran, cotidianamente, hasta en el café servido.

>EL COMPORTAMIENTO PASIVO-AGRESIVO.

Quizá el criterio principal para decir si una conducta es patológica o no, sea el grado en la cual se vuelve sustitutiva y simbólica nocivamente, al extremo que manejamos nuestros problemas de manera neurótica y con evidentes acciones poco racionales. Todos manifestamos, eventualmente, en nuestras relaciones diarias un comportamiento pasivo-agresivo; se muestra tan común que es poco perceptible y por supuesto a nadie molesta. No obstante, cuando se torna en una conducta habitual reflejando una actitud dominante y pesimista, con ataques continuos de tipo pasivo a conocidos, entonces podemos hablar de la existencia de un trastorno. Se ha determinado que la personalidad pasivo-agresiva resulta cuando no logramos un desarrollo emocional maduro. Las personas que padecen de este desapercibido trastorno, contienen una considerable dosis de agresión, sin duda de origen defensivo, pero expresada pasivamente; por ejemplo, en forma de demoras, terquedad, chantajes, indiferencia, sarcasmo, mal humor y obstrucciones pasivas.

Cuando estamos atrapados en el estallido silencioso de nuestras frustraciones se devela el rostro patológico de nuestra pasividad-agresiva, entonces, surge en nosotros una serie de comportamientos: nos tornamos ambiguos, evitamos la responsabilidad atribuyéndosela al olvido, desplazamos la culpa a otros, nos quejamos y mantenemos una continua insatisfacción de todo, no expresamos abiertamente nuestro enfado, nos tornamos sarcásticos, de comunicación mordaz, resentidos, irritables e hirientes. Por lo general, entre otras cosas, el pasivo-agresivo ha sido temeroso o ha mostrado una hostilidad disimulada hacia una figura parental que casi siempre ha sido o fue con él, dominante, rígido, rechazante, exigente y difícil de complacer. Se puede decir que en él existe una especie de gusto al ver como el activo agresivo explota pues eso hace que una vez más ellos parezcan los buenos de la película.

> YO ESTOY BIEN, TU ESTAS MAL. MÁS ALLÁ DE LO TRANSACCIONAL.

La vida está hilvanada en la hermosa cadena de una interdependencia. Ninguno de nosotros puede existir completamente solo. En la sabia economía del Universo necesitamos que toda la existencia nos apoye en cada instante. La relación es, sin duda, una de las cosas más grandes de la vida. ¿Porqué es tan difícil relacionarse? ¿Porqué de las relaciones surgen los sentimientos más hermosos como también los conflictos más dolorosos? Toda acción solo tiene sentido en la relación, pero sin comprender su esencia, inevitablemente siempre generamos cualquier cantidad de conflictos. Aún en condiciones no patológicas las relaciones causan fricción, no por ellas en sí, sino por nuestra propia complejidad. La persona pasivo-agresiva, por ejemplo, se percibe a sí misma como buena persona, por lo mismo no se enoja, no pierde el control y nunca experimenta sentimientos negativos, pero en realidad cuando algo le incomoda, le irrita o le parece incorrecto lo expresa de manera encubierta. Tiene dificultad para reconocer sus propias frustraciones, o para identificar sus niveles de irritabilidad, de tal forma que cuando su rabia reprimida genera algún conflicto se lo atribuye a los demás, haciéndolos, en consecuencia, sentir culpables o responsables del mal rato. En la dinámica de sus relaciones no llama, tiene olvidos (convenientes), pone mala cara, llega tarde, no llega, no coopera, aplica la ley del hielo, deja esperando y utiliza el sarcasmo maquillado de buen humor.

> LO PRIMERO ES LO PRIMERO.

El tratamiento de este trastorno puede ser difícil, sobre todo porque los esfuerzos por convencer a la persona de que tiene un problema se encuentran con resistencia. Pero una vez se reconoce, las probabilidades de sanar son más próximas. La dinámica vital de la patología del pasivo-agresivo es un estallido silencioso cuya realidad no es precisamente el silencio sino una implosión interna invadida quizá por la frustración; una agresividad bloqueada que en su resistencia perturbada se transforma en cólera o furia dosificada. Cuanto más tiempo permanece reprimida la cólera, más potencialmente destructiva se vuelve. Cuando la agresividad originaria se encuentra bloqueada, y este bloqueo produce enojo y furia, y aunque no sea sano guardarse esos sentimientos, tampoco es siempre apropiado darles cause. Al final no es tan importante si expresamos nuestra agresividad o no, porque de igual forma siempre nos hace daño. La agresividad requiere de la hermosa acción de la autoconsciencia. Necesitamos hacernos conscientes de ella. ¿Será la inconsciencia el verdadero origen de nuestro dolor y del que infringimos a otros? La agresividad es básicamente frustración y miedo. En la búsqueda de la armonía y en el restablecimiento de la salud, si de verdad queremos saber sobre la ira, debemos introducirnos en ella, sentirla, conocerla, percibirla plenamente, sumergirnos en la oscuridad que nos causa a fin de comprenderla plenamente, porque de esa sensibilidad inherente al acto de la conciencia, invariablemente surge el conocimiento consciente de la transformación.

UN EJEMPLO CLARO DE DIFERENCIACIÓN:
UN ACTIVO AGRESIVO MATA A UN BURRO DE UN SOLO GOLPE,
UN PASIVO AGRESIVO LO MATA A PELLIZCOS.

 

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