Cuento Corto

Cuento Corto

CUENTO CORTO
El De Color Café

POR Gabriela Aguilar Rossi / ILUSTRACIÓN la boutique creativa.

Mientras leía su librito de cuentos, la nenita se dio cuenta que debía cambiar de página. Voltear la hoja significaba terminar ese capítulo tan largo y tedioso. Por él, había tenido que sacrificar jugar en la cuadra con sus amigas. Había sido tan intenso, que nunca pudo soltarlo ni por un segundo. Ese capítulo era un imán y ella pedacitos de hierro. No creía que al fin había llegado ese momento, el momento de ver otro número de página. El momento de separarse de él. Y de repente...

- "Se murió la bruja!" Dijo.
- "Se terminó la lluvia!" Exclamó.

Mientras leía esa última frase se dio cuenta que algo extraño estaba sucediendo.

¿Estaba consciente? ¿Estaba despierta? ¿Era un sueño?

Se vio las manos, eran grandes. Mucho más grandes de lo que eran hace tan solo unos minutos. Le dio miedo… No; no era miedo, era un sentimiento extraño. Como el de aquellos cuando te das cuenta que hay que bajarle el ruedo a tus pantalones.

Se tocó la cara y la textura de su pelo. Era diferente. Rápidamente alcanzó un espejo y se vio. No pudo ver más que unos tremendos e inmensos ojos de color café. Reconoció esa mirada. Había pasado el tiempo, tanto tiempo. Pensaba: "Leí sobre papeles de madre y esposa. Leí sobre deberes, camas, loncheras. Madrugué y me desvelé.” Pero no entendía por qué. Se percataba que algo en ella se cocía. Olía su alrededor, olió Jazmines, Rosas y grama recién bañada. No los había olido antes. El sentimiento era abrumador. Como cuando estas dentro de una tormenta tropical. En donde tienes algo de miedo pero gozas de sentir la naturaleza tan cerca. Sentir el viento, la brisa y el sonido del aire. ¡Sí! ¡El aire tiene sonido! Ella era testigo del diálogo del viento. La llamaba, la invitaba…

Tuvo que ver su reflejo en el espejo otra vez. Frunció el ceño para enfocarse mejor y se reconoció. Vio su mirada, sus cejas, pestañas, su color de piel, su pelo, su cuello. Quería desvestirse para investigar qué de nuevo había pasado en ella pero estaba tan asombrada que su mano no soltaba ese espejo y sus ojos no se desprendían de su vista. Acercó el espejo a su cara; lo tocó con la punta de su nariz. Mantuvo silencio y vio que algo se reflejaba en sus lagrimales. ¿Eran diamantes brillantes? No le dolían al brotar. Estoy llorando, pensó. Lágrimas comenzaron a recorrer el contorno de su nariz. Tenía emoción porque su cuerpo había encontrado a su alma. ¡Y se amaba! Sentía fuerzas, valentía y plenitud.

Con voz madura, lágrimas en sus ojos y viendo su reflejo se murmuró, casi en secreto, una frasecita que escuchaba desde pequeña en los cuentos mágicos: “Abracadabra.” Y sin previo aviso, solo así como una ráfaga de viento, se esfumó.

En mi cuadra, cuentan que cuando tu cuerpo encuentra tu alma te sientes tan completo que tu sangre se convierte en chispitas de luz y escuchas el llamado del viento. Encuentras la razón de tu existir y es ahí cuando te entregan el pasaje de regreso a tu interior. Porque estás listo para pasar al otro lado de la historia; en donde reconoces que tú eres todos y todos son tú.

“Y colorín colorado…”
(Ya te sabes el resto. Nos vemos en la otra página).

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