Reflexiones desde el perdón
 TEXTO Lic. Fernando Yon IMAGEN la boutique creativa
El hombre que opta por la venganza debe cavar dos tumbas. Proverbio Chino El resentimiento es como tomarse un vaso de veneno y esperar a que el otro muera. Anónimo Pocas acciones ponen a prueba nuestro verdadero nivel de conciencia y espiritualidad como lo es el hecho de perdonar. Ya que, sin duda alguna podemos disfrazarnos de buenas personas u ocultarnos tras máscaras serenas, bondadosas o incluso místicas, pero donde todo nuestro desarrollo humano queda al descubierto es al momento de liberarnos del orgullo y genuinamente perdonar la ofensa y al agresor. Nadie puede negar que no necesita del perdón. Todo el mundo requiere perdonar en mayor o menor medida, en algún momento de la vida, si no es que constantemente, y es que todos hemos y estamos expuestos a frustraciones, peleas, traiciones y malos entendidos.Perdonar no es tan sencillo como quisiéramos, pues en él se involucran tantas emociones y circunstancias personales, tanto dolor, humillación y resentimiento que parece un acto casi imposible e inusual, porque de hecho, la mayoría más que buscar el perdón busca la venganza. La mayoría de las personas se resisten al perdón al creer que es dejar las cosas al olvido o adoptar una actitud pasiva y sumisa ante el propio sufrimiento. Nada más lejos de la realidad, debido a que perdonar no es inherente a justificar comportamientos negativos como maltrato, violencia o traición. El perdón no quiere decir que apruebes o justifiques las conductas y acciones que te han causado sufrimiento, pero tampoco impide que tomes medidas para cambiar la situación o proteger tus derechos. El motivo más obvio para perdonar, tiene que ver con el deseo de liberarnos del dolor que sentimos, de anular los efectos debilitadores de la rabia y el rencor crónicos; y es que se ha comparado a el resentimiento con el acto de aferrarse a una brasa encendida con la intención de lanzársela a otro mientras uno se quema la mano. De hecho, la palabra “resentimiento” viene de resentir, es decir, volver a sentir intensamente una y otra vez. Cuando estamos resentidos, sentimos con intensidad el dolor del pasado una y otra vez, convirtiéndose en un círculo vicioso que no sólo tiene un efecto lamentable en nuestro bienestar emocional, sino que también repercute negativamente en nuestro estado físico.
Cuando revivimos un recuerdo negativo, llevando cuenta de ofensas que se nos han causado, el recuerdo se convierte en rencor. No importa si la causa del rencor es real o imaginaria, su veneno nos carcome poco a poco hasta que se derrama y corroe todo lo que nos rodea. Todos hemos conocido a personas amargadas que tienen una memoria extraordinaria para los más insignificantes detalles, que se consumen en quejarse y se ahogan en resentimientos. Llevan cuenta minuciosa de las ofensas sufridas, y siempre están listas para demostrar a los demás cuánto han sido ofendidos. Por fuera pueden aparentar ser tranquilos y serenos, pero por dentro revientan de su odio reprimido. Estas personas constantemente defienden su indignación y sienten que el hecho de haber sido heridas tan profunda y frecuentemente les exime de la obligación de perdonar. Pero son precisamente estas personas las que más necesitan perdonar. Hay muchos modos de definir el perdón, porque el perdón es un concepto que abarca muchas cosas a la vez. Podemos decir que es una decisión, una actitud y un proceso. Es algo que ofrecemos a otras personas y algo que nos regalamos a nosotros mismos. El perdón es la supresión de sentimientos de ira en contra de alguien por agravios recibidos, y al mismo tiempo nos promete la liberación del poder que ejercen sobre nosotros las actitudes y los actos de nuestros semejantes.
Perdonar es el compromiso de experimentar cada momento libre de percepciones pasadas, de ver cada instante como algo nuevo, con claridad y sin la memoria del orgullo herido. Perdonar es decir sí a la oportunidad de renovarnos y sabernos merecedores de un estado emocional saludable. Perdonar es dejar de escuchar las fantasías que genera nuestro ego en torno a la exigencia de sentirnos recompensados o a tener la razón sobre cierta situación. El perdón es importante y vital en el camino de la existencia y de la evolución espiritual, porque sin él quedamos atrapados en la opción de pasar la vida lamentándonos, hundidos en el dolor, el resentimiento y la desgracia perpetua. El perdón contiene la promesa de que encontraremos la paz que todos anhelamos, es la llave que abre la puerta a la libertad, a las relaciones maduras, a lo mejor de nosotros mismos y al amor. Entre la decisión de amar y la decisión de perdonar no existe diferencia alguna. Quien ama perdona y quien perdona ama. Y tanto el amor como el perdón, son las cualidades del Ser que pueden reparar lo que está roto. Si nos abrimos a ellas, toman nuestro corazón lastimado y le devuelven alas. El perdón no es un acontecimiento producido por una suerte de generación espontánea, no es ni puede ser fruto de un acontecimiento automático que se da por sí solo, ni tampoco un evento repentino y espontáneo. El perdón es, más bien, la culminación de un proceso complejo que se inicia cuando somos conscientes que el perdón es esencial para sanar y necesario para experimentar una vida más positiva, un suceso premeditado que se materializa a partir de un deseo sincero de liberarse por parte de la persona que desea perdonar. Y la primera condición que debemos llenar para que este proceso pueda iniciarse adecuadamente, es el de renunciar libremente a una serie de actitudes y posturas que son producidas directamente por el orgullo. Toda la cuestión del perdón se limita a tomar la decisión de: si nos quedamos atrapados en el pasado, identificándonos en nuestro rol de víctimas ofendidas o nos decidimos a cambiar nuestra situación viendo hacia adelante, teniendo un proyecto de vida y unas metas a cumplir.
Es nuestra decisión y responsabilidad y de nadie más, seguir lamentándonos en el ayer, o nos enfocamos en crear y regalarnos un mejor futuro. Al paso del tiempo y en la medida en que el proceso de perdón madura y avanza, acabamos entendiendo que tenemos en nuestras manos el poder para perpetuar ese dolor y frustración, así como para arrancarlo de raíz.
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