Carta Editorial

Autor: Gabriela Mondragón. Fotografía: Archivo.
Hace tiempo en un bello grupo de apoyo escuché a un compañero y ahora gran amigo decir un concepto muy lindo sobre un “banco espiritual”. En esta analogía explicaba que hay que invertir en aquellas acciones que nos producen bienestar y aplicar ciertos principios a nuestras vidas que nos fortalezcan para todo aquello que pueda venir. Ese banco espiritual, va llenándose con cada acción correcta que elijamos tomar. Esto puede ir desde escoger alimentos que son apropiados para tu cuerpo, hacer aquel ejercicio que apoye a tu mente y emociones, dar lo mejor de ti en tu trabajo, ser más tolerante y compasivo contigo mismo y con los demás, ayudar a tu prójimo y hasta limpiar todas aquellas relaciones distorsionadas que puedan nublar esa visión destinada para ver el equilibro de un Diseño Superior y jugar así a la vida sabiendo que todo es una experiencia para ser vivida y agradecida.
En aquel entonces solamente entendí a un nivel intelectual ese concepto y fue hasta mucho después que accioné para aplicarlo a mi vida. Mi contacto con Dios está estrechándose cada vez más. Tengo miedo, lo veo y se lo entrego. Le pregunto siempre qué hacer en tal o cual situación y me responde. Ciertamente a veces se me olvidan sus respuestas o de hecho no me gustan y experimento la mecanicidad. Otras veces, sigo y fluyo con esa guía amorosa y todo parece mágico y experimento la totalidad.
Gracias a estos tiempos de dilemas e inseguridad, sobre todo económica, se nos pone cara a cara, con todo aquello que verdaderamente debemos apreciar y tenemos la oportunidad de dar un salto de fe con confianza y claridad. Es ahora cuando más debemos ahorrar en ese banco espiritual. Debemos hacer continuos depósitos de amor, humor, fe, aliento.
Este es un banco que con el que verdaderamente tendremos certeza, garantía y precisión. Este banco te apoya en aquellos momentos en que te encuentras con las tragedias y te fortalece para asimilar la experiencia ayudándote en tu evolución. Este banco te provee de la humildad necesaria para cuando vives el éxito, vacunándote contra los autoengaños de una falsa personalidad y caigas en la farsa de la prepotencia y la vanidad.
Cada depósito te acerca más a tu esencia que se encuentra libre de apegos y necesidades de controlar, de consumir, de evadir. Generas intereses que incrementan tu responsabilidad por ti mismo, por los demás y se eleva el respeto y la reverencia hacia todo lo que es parte de esta vida sin hacer discriminaciones de mejores o peores, malos o buenos, fríos o calientes, estúpidos o inteligentes, ricos o pobres. Simplemente aprecias las dos caras y los dos polos de lo que es, como unidad.
Ahora es el momento de invertir en tu desarrollo de consciencia, en autoconocimiento, en perdón y agradecimiento. Ya sea que acudas a un terapeuta, una iglesia, medites, vayas con un shaman o un sacerdote, todo aquello que te acerque a la verdad implacable del primer mandamiento: Amarás a Dios sobre todas las cosas.
Solo date cuenta de algo: cualquier cosa que estés anteponiendo ante ese primer mandamiento, está en jaque. ¿Si o no? Solo tú sabes dentro de ti mismo lector, que esto está ocurriendo. Ya no voltees donde nunca has encontrado y tu conducta compulsiva te sigue llevando. Ya más claro no puede ser el camino. Elige ese banco que te espera sin tanto papeleo, claves secretas e “ intereses”.
Gabriela Mondragón
Directora General
 |