Autor: Alfredo Asturias.
Imágen: Virginia Filip.
La mamá de Pedro:
Otra vez en este lúgubre lugar donde se respira tristeza y experiencias que ensordecen el alma. Era ya la cuarta ocasión en el año que llegaba a una funeraria a darle el pésame a familiares de adictos muertos por el consumo. Esta vez era el funeral de Pedro y su cuerpo yacía en esa caja de madera con vidrio por una sobredosis de cocaína. Tenía 52 años y lo único que dejaba en este mundo era a una madre muerta en vida.
El salón estaba casi vacío, por lo que no fue difícil localizar a Doña María, la mamá de Pedro. Estaba parada al lado del ataúd abierto de su hijo y me sorprendió ver que se miraba mucho más tranquila que las últimas veces que la vi, era como si no estuviera viendo a ese hijo suyo de 52 años y más bien estuviera mirando a su niño cuando era bebé. Me acerqué suavemente y le dije:
- Sentido pésame Doña María, siento mucho lo que pasó. -Ay doctor (siempre me decía doctor aunque yo realmente soy terapeuta) mírelo, ahí tan tranquilo que se mire, creo que ya dejó de sufrir.
Se me hizo un nudo en la garganta, no tanto por Pedro, él desde hace rato estaba muerto, lo único es que no se había dado cuenta. Lo que me dolía era ver a Doña María, había perdido su propósito de vida, la única razón por la que aún se levantaba en la mañana: tratar de ayudar a que su hijo sanara y no consumiera.
- Sentémonos un ratito doña María- le dije.
- Hay doctor, que triste la vida de mi Pedrito ¿verdad?….lo tenía todo para ser feliz, pero yo creo que nació diferente a los demás, desde chiquito era especial, tenía problemas en el colegio con los profesores y con sus compañeros de clase. A cada rato tenía que ir yo a arreglar sus clavos, no podía seguir las reglas, vivía castigado, se peleaba con todos sus compañeros; tenía un carácter fuerte y cuando se enojaba era de hacerse a un lado. Pero también cuando se ponía triste se deprimía demasiado, a mi gustaba cuando estaba alegre porque entonces se ponía eufórico, amaba la vida muchísimo y quería ayudar a todo el mundo.
Fíjese Doctor que Pedrito estaba en primaria cuando empezaron los problemas míos con su papá, era tan desconsiderado, puede creer que decía que era yo la que estaba malcriando al muchachito, que debía dejarlo que sufriera las consecuencias de sus actos, como si yo fuera una madre desnaturalizada que no se preocupa por sus hijos….gracias a mi fue que se medio graduó de bachiller, yo le tuve que comprar su título a costa de mucho trabajo porque el papá no me quiso dar el dinero.
Terminando el bachillerato fue cuando el Pedrito empezó a cambiar, seguía siendo el mismo patojo con un corazón enorme, pero se metía en cada problema que ni le cuento, destrozó carros, lo metieron preso como tres veces por escándalos en la vía pública, dejó embarazada a una patoja….sacarlo de todos esos clavos me costó un ojo de la cara, además de que los problemas con el papá se agudizaron porque el muy necio insistía en que dejara que mi Pedrito saliera solo de sus problemas.
Un día no llegó a dormir a la casa, empecé a localizarlo como loca por todos lados y ninguno me daba razón de él, me fui a meter a todos lados donde yo pensaba que podía estar, porque eso si, valiente si soy, me metía a donde fuera para localizar a mi hijo; al fin lo encontré, estaba en un hotelito de esos de mala muerte y le pague Q100.00 al señor que cuidaba allí solo para que me dijera en que cuarto estaba y que me dejara pasar. Casi me muero cuando entré al cuarto y vi a mi hijo con unas mujeres espantosas y unos hombres que parecían charamileros en ese cuarto que ni camas tenía sino solamente unos colchones tirados en el suelo. Pedrito casi no me reconoció, me insultó y me dio una manada en el ojo, por poco pierdo el conocimiento y los otros hombres que estaban allí me sacaron a empujones, fue el peor día de mi vida. Hasta ese momento porque después vinieron peores, encima de que llegué a mi casa toda golpeada, mi marido me dice que va a llamar a una casa hogar para que se lleven a mi Pedrito y lo encierren ahí en lo que se le encontraba un tratamiento adecuado, ¿tratamiento para qué? Para la parranda, si eso es lo que era mi Pedrito un bohemio al que le gustaba la fiesta….sobre mi cadáver iba yo a permitir que encerraran a mi Pedrito. Mi marido se fue de la casa, me dejó, dijo que ya no me aguantaba, que se iba porque ya con nosotros dos no tenía vida, y ahí fue cuando nos quedamos solitos mi Pedrito y yo, de eso hace ya 28 años. Gracias a Dios yo tenía una muy buena situación económica, mi papá me había dejado tres propiedades enormes y mucho dinero en el banco, nunca iba a necesitar de nadie que me mantuviera, yo podía hacerme cargo de mí y de mi Pedrito. No sabía lo que me esperaba al no tener consciencia de que yo misma vivía una codependencia.
Las cosas se fueron complicando cada vez más. Pedrito estaba consumiendo piedra, eso es cocaína fumada y me pedía dinero constantemente, yo se lo tenía que dar porque si no se ponía violento, se desaparecía constantemente, llegaba a la casa solamente a exigir comida y atenciones, cuando ya se sentía bien me pedía dinero y se iba, algunas veces yo trataba de seguir las sugerencias de la gente que me decía que no le diera dinero, entonces mi hijo me robaba, se llevaba cosas de la casa y las vendía o las cambiaba por un poco de cocaína, yo no sabía que hacer, si le daba dinero estaba mal, pero si no le daba estaba peor, me acuerdo que cada vez que Pedrito se aparecía en la casa después de consumir pasaba como tres días que no se podía ni mover, no solo estaba mal físicamente sino que se mantenía con mucha depresión, no paraba de pedirme perdón y de decirme cuanto me amaba, usted sabe como somos las mamás, inmediatamente me sacaba de nuevo lo que quería.
Yo estaba muy preocupada por Pedrito, no sabía que hacer, iba con usted y a esos grupos a los que me mandaba y todos me decían lo mismo, “suéltelo, déjelo que toque fondo, no lo facilite, enfóquese en usted, etc. etc” entonces yo lo que hacía es que me desaparecía y no volvía a verlo hasta que venía otra crisis mas fuerte, yo no podía hacer lo que me pedían, se nota que usted y la gente de esos grupos nunca han sido madres.
Así pasaron los años y Pedrito nunca cambió, al contrario, todo era progresivo, cada vez era peor, yo ya no tenía dinero en el banco, había empeñado mis tres propiedades para poder tener el dinero en efectivo que necesitábamos mi Pedrito y yo.
Físicamente cada vez estaba peor , se le habían caído los dientes, estaba tan delgado que yo pensaba que se iba a quebrar, vivía en un estado de ansiedad constante y cada vez era mas insoportable estar con él, no confiaba en los médicos, pensaba que lo iban a dormir e iba a despertar encerrado en una de esas casas hogar a las que tanto miedo les tenía, vivía paranoico todo el tiempo, hasta de mi sospechaba y por eso a veces se ponía violento contra mi.
Yo no sabía que hacer, hacía mucho tiempo que yo no tenía amigos, mi familia ya no quería saber de mi, desde que nos quedamos solos con Pedrito me aislé completamente, no quise ver a nadie, dejé de tener vida social, me sentía mal todo el tiempo, vivía con miedo, culpa, vergüenza y mucha ira, estaba enojada conmigo misma por permitir todo esto, pero al mismo tiempo no me atrevía a hacer nada para cambiar las cosas, en ese punto yo ya sabía lo que debía hacer pero no me atrevía.
Hace dos años las cosas se pusieron verdaderamente insoportables, parecía que un demonio había poseído a mi hijo, se volvió muy violento, vendió todas las cosas de la casa, solo mi cama, una mesita de noche y alguna ropita me queda, me enteré que estaba pidiendo limosna o asaltando personas para poder mantener su consumo, lo bueno era que últimamente ya no llegaba casi nunca a la casa, una o dos noches por semana nada más, para agarrar fuerzas como el decía y seguir consumiendo.
Hoy yo no se que voy a hacer, sin un centavo, sin mis propiedades, con las deudas del banco, enferma, sola…..pero estoy mas tranquila, me da pena decirlo pero le agradezco a Dios por habérselo llevado, ya no teníamos vida ninguno de los dos, hoy los dos podemos descansar en paz.
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