La negación, el placer y el dolor

La Negación, el placer y el dolor.

Autor: Lic. Arturo Archila.
Imágen: Da Rino.

La vida es extraña. De geografía plana y aristas peligrosas, fluctúa entre  armoniosos movimientos y oleadas de incertidumbre.  No es fácil. Tampoco es excesivamente dramática, pero no podemos negar que en el escenario de su farándula, entre lo cómico y lo trágico, en la mayoría de nosotros la dramaturgia es lo frecuente. Tal vez por ello  negamos el dolor de cualquier forma:  Nos atontamos con alcohol, nos excedemos en el sexo,  nos recetamos sedantes o simplemente, distraemos la conciencia con horas de televisión.

Después de todo, la negación es una forma de vivir. Esto en  lenguaje setentero se asociaba a la alienación y tenía su correspondencia con los aparatos ideológicos del Estado, y aunque podría ser una verdad a medias, en mi visión del mundo, pero sobretodo del hombre mismo, no dejo de inclinarme a pensar con mayor seguridad, que la alienación no es respecto a la sociedad, sino con respecto al propio Ser.

En psicología la negación es un mecanismo de defensa intrapsíquica a través del cual los pensamientos, los hechos, los deseos y los actos conscientemente intolerables, son descartados. A veces, todo lo que rodea nuestra vida nos parece tan malditamente ingrato, que la negación es la única
alternativa.

En algunos casos,  negar es cuestión de supervivencia, es una especie  de autorregulación  para no perder la cordura (que opera bajo circunstancia inconsciente), pero cuando no conlleva este riesgo, el mecanismo de bloquear es una vía totalmente muerta que inhibe el autoconocimiento y nos aísla de la  realidad  porque negar se vuelve la constante que predomina en los escenarios de nuestra vida.

Los comerciantes niegan su ambición; los políticos niegan la miseria; los religiosos niegan sus pecados; los optimistas niegan su vulnerabilidad; los padres niegan sus equivocaciones y los hijos sus temores. Bajo ésta óptica, toda miseria  o elemento perturbador, debe ser  sumergido en la profundidad del olvido y la negación. Pero lo que es peor aún, negamos lo que sabemos que esta en lo más profundo de nuestro corazón.

Sin embargo, todo en la vida tiene un precio, y aunque la negación constituya una respuesta defensiva y “muy humana”, tarde o temprano exige el pago.

En general, hay dos formas de terminar saldando la deuda:
la primera, es que se van acumulando grandes dosis de estrés provocando diversos malestares físicos, y la segunda, es que la conciencia se estrecha y se vuelve cada vez más ajena a nosotros mismos. La negación no está exenta del drama.
La mayoría de las personas estamos enamoradas del drama
particular de nuestra vida.  Hacemos de la historia nuestra identidad. Entre el placer y el dolor, en general, no importa que parte de nuestra historia nos guste repasar más, porque al final, ambos estados nos traen conflicto.

El sufrimiento emocional y las enfermedades físicas son inevitables mientras estemos identificados con los recovecos de nuestro pensamiento. Por otro lado, (y esto es algo que nos cuesta a muchos comprender) el placer o la exacerbación emocional contiene en sí mismo la semilla del dolor; su contrario inseparable, que se manifestará, invariablemente, tarde o temprano.

La idea de que cada uno de nosotros tiene un conjunto peculiar de potencialidades ávidas de realizarse es muy antigua. La negación y otra cantidad de particulares psicologías afines, nos inhiben esa realización.  Agustín de Hipona, descubre: “dentro de mí hay uno que es más yo mismo que yo mismo”. A nuestro alrededor, en la naturaleza, la vida se despliega siguiendo ciertos designios internos.

De capullo a rosa, de bellota a roble, de oruga a mariposa. ¿Acaso los seres humanos estamos exentos de ese despliegue?

La sencillez de permanecer en un estado psicológico que puede mirar directamente las cosas, que puede mirar, sin temor alguno, hacia sí mismo tal como se es en realidad, sin ninguna distorsión, sin tapar, sin escapar, sin excusas; es fundamentalmente la acción que nos ayuda a tener la absoluta claridad sobre sí, en la brecha de la transformación.

 

 

Comentarios (1)add comment

miguel said:

ser uno mismo
¿Se podria llegar a ser uno mismo?
 
julio 09, 2011
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