Carta Editorial
IMAGEN de ArchivoLos jardines son siempre un ejemplo muy utilizado para correlacionar una vida humana. Tienen una evocación muy emocional y también se refieren a un diseño que una persona hace a propósito de una voluntad. Mi jardín lo vivo en mis diferentes áreas de vida. En muchas de ellas puede estar seco y solitario, en otras está muy verde, pero sin flores; hay campos que están inundados y las plantas se pudren de tanta agua. También están aquellos donde la hierba mala, abarca toda la visión y no solo eso, roba los nutrientes haciendo que el diseño establecido no pueda crecer y resplandecer como debiera.
En nuestro jardín hay plantas que necesitan mucha luz, directa y constante. Otras que requieren solo un poco de sol, durante un tiempo limitado. Están aquellas que en la sombra saben absorber la luz indirecta. Entre agua y menos agua, según su tipo y edad, van poniéndose más bellas. En ocasiones nos topamos con alguna plaga que las destruye y contamina todo el jardín. Lo que es cierto, es que un jardín así como cada una de sus áreas, necesita constantes y diferentes atenciones.
En la vida nos pasa que nos concentramos tanto en una área que olvidamos por completo otra. Nos atormenta “la mala hierba” que puede presentarse robándonos energía y luz, y no nos decidimos a cortarla por desidia o por lástima. La mala hierba, tiene que ser erradicada de nuestro diseño. Y de todas formas, aunque la cortes, vuelve a salir, y esa es una labor perenne. Esas emociones negativas y pensamientos dañinos salen en cualquier momento y es cuando hay que sacar la tijera para cortar el mal vínculo. Tenemos que tener la capacidad de observar nuestro jardín por completo y así tomar las decisiones adecuadas para ver qué necesita cada espacio. De pronto vemos florecer virtudes inimaginables y unirse en perfección hiedras irreconciliables y también con tristeza debemos aceptar que alguna planta ha muerto y dejado el espacio para sembrar otra.
Las plagas no necesitan ser eliminadas con insecticidas violentos y agresivos. Podemos usar elementos más naturales y amorosos diciéndoles con toda calma y firmeza: “no puedes seguir aquí”.
Recibamos con una bella sonrisa a todos los seres que visitan nuestro jardín, pájaros, mariposas, lagartijas, y hasta ratones pequeños. Mientras sintamos un equilibrio y gocemos en nuestro íntimo espacio un glorioso amanecer y atardecer, sabremos que nuestro jardín está limpio, sano y en armonía, protegido por nuestra consciencia y buena voluntad. Los tulipanes que pueden crecer estupendamente coloridos, son importantes, pero también cada una de las partes de ese sitio especial, que es nuestra vida, necesita la atención adecuada y bien dirigida. La basura bien utilizada sirve de abono para que lo demás florezca espectacularmente. En fin, solo comparto esta reflexión, esperando que en estos tiempos de frenesí y terror colectivo, nos unamos a la consciencia colectiva del que elige ocuparse de su propio jardín.
![]() Gabriela Mondragón
Directora General
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juan dachila
said:
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la pecadora la pecadora es un pecado mortal de los mortales mas mortales de este mundo |
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No por casualidad Estimada Gabriela, No por casualidad encontré en mi escritorio el ejemplar #9 (del segund año), pues en tu carta editorial, cabalmente encontré el mensaje que necesitaba para el día de hoy. Por eso estoy escribiendo, para agradecerte a ti por tu expresión escrita y al universo. Que te encuentrés bien. Saludos |
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