Carta Editorial

Carta Editorial - Decíma Edición

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Los jardines son siempre un ejemplo muy utilizado para correlacionar una vida humana.  Tienen una evocación muy emocional y también se refieren a un diseño que una persona hace a propósito de una voluntad.  Mi jardín lo vivo en mis diferentes áreas de vida.  En muchas de ellas puede estar seco y solitario, en otras está muy verde, pero sin flores; hay campos que están inundados y las plantas se pudren de tanta agua.  También están aquellos donde la hierba mala, abarca toda la visión y no solo eso, roba los nutrientes haciendo que el diseño establecido no pueda crecer y resplandecer como debiera.
En nuestro jardín hay plantas que necesitan mucha luz, directa y constante.  Otras que requieren solo un poco de sol, durante un tiempo limitado.  Están aquellas que en la sombra saben absorber la luz indirecta.  Entre agua y menos agua, según su tipo y edad, van poniéndose más bellas.  En ocasiones nos topamos con alguna plaga que las destruye y contamina todo el jardín.   Lo que es cierto, es que un jardín así como cada una de sus áreas, necesita constantes y diferentes atenciones.
En la vida nos pasa que nos concentramos tanto en una área que olvidamos por completo otra.  Nos atormenta “la mala hierba” que puede presentarse robándonos energía y luz, y no nos decidimos a cortarla por desidia o por lástima.  La mala hierba, tiene que ser erradicada de nuestro diseño.  Y de todas formas, aunque la cortes, vuelve a salir, y esa es una labor perenne.  Esas emociones negativas y pensamientos dañinos salen en cualquier momento y es cuando hay que sacar la tijera para cortar el mal vínculo.  Tenemos que tener la capacidad de observar nuestro jardín por completo y así tomar las decisiones adecuadas para ver qué necesita cada espacio.  De pronto vemos florecer virtudes inimaginables y unirse en perfección hiedras irreconciliables y  también con tristeza debemos aceptar que alguna planta ha muerto y dejado el espacio para sembrar otra.
Las plagas no necesitan ser eliminadas con insecticidas violentos y agresivos.  Podemos usar elementos más naturales y amorosos diciéndoles con toda calma y firmeza: “no puedes seguir aquí”.
Recibamos con una bella sonrisa a todos los seres que visitan nuestro jardín, pájaros, mariposas, lagartijas, y hasta ratones pequeños.  Mientras sintamos un equilibrio y gocemos en nuestro íntimo espacio un glorioso amanecer y atardecer, sabremos que nuestro jardín está limpio, sano y en armonía, protegido por nuestra consciencia y buena voluntad.  Los tulipanes que pueden crecer estupendamente coloridos, son importantes, pero también cada una de las partes de ese sitio especial, que es nuestra vida, necesita la atención adecuada y bien dirigida. La basura bien utilizada sirve de abono para que lo demás florezca espectacularmente.  En fin, solo comparto esta reflexión, esperando que en estos tiempos de frenesí y terror colectivo, nos unamos a la consciencia colectiva del que elige ocuparse de su propio jardín.

 

Gabriela Mondragón.
Gabriela Mondragón
Directora General

 

 

Comentarios (2)add comment

juan dachila said:

la pecadora
la pecadora es un pecado mortal de los mortales mas mortales de este mundo
 
agosto 12, 2010
Votos: +0

Gloria said:

No por casualidad
Estimada Gabriela, No por casualidad encontré en mi escritorio el ejemplar #9 (del segund año), pues en tu carta editorial, cabalmente encontré el mensaje que necesitaba para el día de hoy. Por eso estoy escribiendo, para agradecerte a ti por tu expresión escrita y al universo. Que te encuentrés bien. Saludos
 
julio 31, 2009
Votos: +0

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